lunes, 30 de agosto de 2010

Recuperando la memoria de lo que nunca debió perderse: La Torre del Puerto de La Losilla (Ulea)

En este mes de agosto, miembros de la Asociación Cultural “La Carrahila” han señalizado la antigua ubicación de la Torre del Puerto de La Losilla, junto a la CN-301, en la línea divisoria de los términos municipales de Ulea y Blanca. La acción se ha efectuado para que quedara constancia la localización de dicha fortaleza a futuros transeúntes, debido a que fue arrasada en su totalidad, en los últimos años del pasado siglo, por una rotulación agresiva realizada en la parcela donde se asentaba.

El hito de piedras y el cartel en azulejo han sido colocados sobre los únicos restos conservados de la torre, desplazados a escasos metros de su sitio original, que consisten en una cimentación de planta cuadrada de aproximadamente 1,20 metros de lado por 0,60 metros de altura. La torre fue la única fortaleza perteneciente a la Encomienda de Ricote que se prolongó en el tiempo más allá de la Edad Media, llegando hasta la desamortización del siglo XIX. A pesar de su pervivencia hasta fecha tan cercana, hoy día no queda prácticamente ningún vestigio de ésta. Es por ello que la Asociación Cultural “La Carrahila” ha querido recuperar la memoria de lo que nunca debió perderse, marcando la localización de este desaparecido Bien de Interés Cultural (nº inv.: 41014), perteneciente al Término Municipal de Ulea, que constituyó, en el pasado, un importante fuente de ingresos para la encomienda santiaguista de Ricote gracias al cobro del arancel en el enlace de las dos principales vías de comunicación que pasaban junto al Valle de Ricote: el Camino Real de Murcia a Toledo y la ruta que se dirigía hacia el Altiplano y tierras valencianas.

La Torre del Puerto de la Losilla en la Historia
(información extraída del libro de Jesús Joaquín López Moreno
El Valle de Ricote a través de sus fortalezas, Madrid, 2008, 75 y 76)

La primera documentación que alude la existencia de la torre de La Losilla data de 1421, cuando Juan II mandaba «que el comendador de Ricote tenga en la torre de la Losylla cristiano por guarda e non moro». Fue utilizada por la encomienda santiaguista de Ricote para vigilancia de la ruta y cobro del arancel a cada persona, animal o mercancía por derecho a paso. Su ubicación en el collado de La Losilla responde a que en este punto el itinerario hacia Toledo enlazaba al este con la ruta que transcurría por tierras del Altiplano y valencianas (actual CN-344). De este modo, la torre estaba localizada en una posición estratégica al controlar esta doble vía de comunicación y comercial. Así mismo, el portazguero cobraba el arancel al paso del ganado trashumante que procedía o partía a tierras conquenses. Hablamos de la importante Cañada Real de La Mancha a Murcia o de Los Cabañiles. Como ejemplo de lo dicho, en el arancel de 1507 se especifica que «de cada cabaña de ganado que pasare por el puerto han de pagar borra e asadura e cabrita, que son tres reales».

Todavía no podemos demostrar un antecedente islámico de la torre, pese a que por toponimia se pueda apreciar que existió un control de paso durante la época andalusí. Con la forma “Ruelda de la Losiela” y “Ruebda de la Losiella” aparece en la promesa y otorgamiento definitivo de Sancho IV a la Orden de Santiago en 1281 y 1285, respectivamente. Sobre el término “ruelda” o “ruebda”, Torres Fontes nos dice que es un vocablo de origen o antecedente musulmán que hacía alusión a los grupos de jinetes que defendían y vigilaban la frontera. Podemos pensar que lo dado en época andalusí y cristiana no fue más que la continuidad del sistema de aduana romano (“portorium”) utilizado por parte del Estado y colocado en algunos nudos importantes de comunicaciones. Sobre el topónimo “Losilla”, decir que se documentan muchísimos homónimos en la geografía peninsular, indicando el transcurso de una calzada romana y el tipo de pavimentación empleada en la construcción de ésta, como queda evidente en los restos hallados por la Asociación Cultural “La Carrahila” en el Barranco del Saltador, en dicho puerto, en marzo de 2006. Nos encontramos con otro de los diversos ejemplos de toponimia valricotí usada por los mozárabes, cuya raíz celta “lausia” (“losa”) pervivió a la arabización.

Con motivo de la inestable segunda mitad del siglo XV se llevaría a cabo la destrucción de la torre aludida en 1421, pues en 1507 se estaba construyendo otra nueva junto a la, por entonces existente, venta de La Losilla. El proyecto aparece en la visita santiaguista de este mismo año, encontrando en dicho documento la descripción de la nueva fortaleza tal como nos la dio a conocer Torres Fontes y nos la plasmó Pedro Lillo:
La torre era de planta cuadrada de 6 metros de lado y de 11,20 metros en su mayor altura. Estaba constituida por una planta baja, dos pisos y terrado almenado. La puerta de acceso era levadiza, ubicada en el primer piso a 2,40 metros del suelo y en comunicación con la cámara alta de la venta de La Losilla que distaba 1,5 metros de separación. Por otro lado, la planta baja tenía tres saeteras a cada lado y una cuarta parte del hueco de la torre fue ocupado por la escalera de obra que comunicaba esta dependencia con los dos pisos y el terrado. En lo más alto se daba una garita perpendicular a la puerta de la torre, con un agujero en el suelo para vigilancia del acceso. La construcción del adarve con almenas se data entre 1511 y 1515. En la fachada de la torre queda documentado el escudo de armas de la Orden de Santiago.

Como quedó dicho, la torre constituyó la única fortaleza de la Encomienda de Ricote que se prolongó más allá de la Edad Media, llegando hasta la desamortización del siglo XIX. A pesar de su continuidad hasta fecha tan cercana, hoy no existe prácticamente ningún testimonio de ella. Lo que nunca debió perderse…

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